La Trampa De La Medalla De Plata
Por qué quedar segundo a veces duele más.
¿Te ha pasado?
Terminas algo que te costó esfuerzo: una presentación, una carrera, un buen regalo para tu hijo. Estás satisfecho y feliz.
Hasta que alguien al lado tuyo lo hace mejor. O más rápido. O más brillante.
Y entonces tu logro ya no es suficiente. La alegría se evapora. Tu medalla de plata se siente más como un fracaso que como una victoria.
No eres raro. De hecho, es una reacción bastante humana.
Un estudio clásico analizó las emociones de los medallistas olímpicos justo después de recibir sus medallas. ¿La sorpresa?
👉 Los que ganaban plata estaban más tristes que los que ganaban bronce.
Sí, leíste bien.
¿Por qué? Porque el de plata pensaba en lo que casi logró (pero no logró). El de bronce pensaba en lo que casi no logra (pero sí logró).
La diferencia no estaba en el resultado.
La diferencia estaba en la comparación.
La mente no mide en absolutos. Mide en “casi”.
Casi fui el mejor vs casi me quedo fuera.
Uno frustra. El otro alivia.
La vida diaria no es tan distinta a ese ejemplo. Todo depende del espejo en que elijas mirarte.
La filosofía estoica nos ofrece una lente poderosa: la diferencia no estaba en el metal colgado del cuello (un externo), sino en el juicio interno de cada atleta." Epicteto lo explicó fácil:
“No es lo que te pasa, sino cómo lo interpretas.”
El de plata lo interpretó: “Pude haber ganado oro.”
El de bronce lo interpretó: “Casi me quedo sin nada.”
Quizá la próxima vez, más que mirar hacia arriba (lo que falta), podrías mirar hacia abajo (lo que lograste).
O mejor aún, dejar de mirar alrededor, cerrar los ojos un segundo y simplemente disfrutar de lo que hiciste.
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~ El Griego Estoico


