La Práctica De “La Última Vez”: Conciencia A Través De La Impermanencia
Cultivando una apreciación más profunda de la vida reconociendo sus momentos efímeros.
“La Última Vez” es un concepto profundamente arraigado en nuestra existencia humana. Reconoce que todo lo que valoramos — nuestras experiencias apreciadas y las personas que amamos — eventualmente se nos escaparán.
Ya sea debido al inevitable evento de nuestra muerte o a la naturaleza transitoria de la vida, cada experiencia, cada actividad, por más mundana o significativa que sea, tendrá una “última vez”. Como nos recuerda el filósofo estoico Séneca, “Siempre nos quejamos de que nuestros días son pocos, y actuamos como si nunca fueran a terminar.”
La realidad es que habrá una última instancia de cepillarse los dientes, ver salir la luna, sentir el calor de un niño durmiendo en tus brazos, e incluso tomar tu último aliento.
El Aviso de la Finalidad
A veces, la vida nos presenta claros indicadores de que estamos experimentando algo por “la última vez”.
Ejemplos podrían incluir una última comida en un restaurante querido que está cerrando o un beso de despedida de un amante que se muda lejos. Estos momentos, una vez vistos como repetibles y por lo tanto ordinarios, se transforman en memorias extraordinarias y profundamente apreciadas, sabiendo que son irremplazables.
Abrazando la Impermanencia para Vivir Intensamente
La práctica de “La Última Vez” nos obliga a enfrentar la impermanencia que define nuestro mundo, inspirándonos a apreciar que cada acto que realizamos podría ser potencialmente el último. Este entendimiento puede hacer nuestras experiencias de vida más vívidas y significativas, ya que nos invita a vivir cada momento como si pudiera ser nuestro último.
Epícteto, otro filósofo estoico, lo expresa de esta manera, “Primero di para ti mismo lo que quisieras ser; y luego haz lo que tienes que hacer.”
Si bien algunos podrían encontrar desalentador o sombrío contemplar la naturaleza de la impermanencia, verla a través de la práctica de “La Última Vez” puede llevar a una transformación profunda en nuestra comprensión y apreciación del flujo y reflujo de la vida.
Un proverbio budista encapsula esta perspectiva: “Esta existencia nuestra es tan transitoria como las nubes de otoño. Ver el nacimiento y la muerte de los seres es como observar los movimientos de una danza.”
Engancharse periódicamente con tales pensamientos nos permite sumergirnos completamente en los momentos preciosos y fugaces de la vida, acercándonos así a experimentar verdaderamente la profundidad y riqueza de la vida.
—
~ El Griego Estoico



Gracias