El Cristo Que Lloró
La tumba de Lázaro, las lágrimas de Jesús, y la mala fama del estoicismo.
Hay una escena en Juan 11:35 que siempre me llama la atención en la cultura Griega Ortodoxa.
Jesús, sabiendo que va a resucitar a su amigo Lázaro, llega a la tumba donde está su cuerpo. La Biblia, en uno de sus versos más breves, simplemente dice: “Entonces Jesús lloró”.
Imagina la escena. El Hijo de Dios, el que camina sobre el agua y calma tormentas, llora. No se guarda las lágrimas para parecer fuerte. Está presente en el dolor humano más común: perder a alguien querido.
En la tradición ortodoxa, este momento tiene un peso especial. Cristo no llora porque se sienta impotente. Él sabe que va a devolverle la vida a Lázaro. Pero llora porque ser humano también significa sentir tristeza, y reconocer la fragilidad de la vida.
La mala fama de los estoicos
Los estoicos muchas veces tienen la fama de ser fríos o distantes, pero eso no es cierto. Los antiguos estoicos entendían que las emociones forman parte de la vida. Su propuesta no era reprimirlas, sino entenderlas y no dejar que tomen el control.
Marco Aurelio —emperador, padre, militar— escribió muchas veces sobre el dolor, la pérdida y el amor, pero lo hacía con calma, no con frialdad. Sabía que sentir es parte de ser humano, y que lo importante es cómo respondemos a lo que sentimos.
Séneca, en una de sus cartas (Epístola 85), lo explica bien. Dice que el sabio no está libre de pasiones porque no las tiene, sino porque las maneja. Sentir tristeza no es un error, siempre que no te arrastre por completo. O como lo resume su idea: “El sabio no está exento de emociones, pero no es su esclavo.”
La lección de Jesús
Jesús llora, sí. Pero luego actúa. No se queda paralizado. Sus lágrimas no lo alejan de los demás, lo acercan. Se conecta con quienes están sufriendo junto a él.
A veces creemos que ser fuerte es no mostrar nada. Que si lloramos, si sentimos mucho, estamos fallando. Pero Jesús, en esa tumba, nos muestra otra cosa: que sentir con intensidad y seguir adelante es un acto de coraje.
La próxima vez que te toque vivir algo duro, no pienses en cómo evitar sentir. Pregúntate cómo puedes atravesarlo con humanidad, sin esconderte. Esto te volverá más fuerte.
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~ El Griego Estoico


